Atlético Tucumán cumplió y avanzó de ronda en la Copa Argentina, pero contra Sportivo Barracas, un rival de Primera C -cuarta categoría del fútbol argentino-, le sobró poco. Muy poco. Algo de fútbol en el primer tiempo que le permitió abrir el marcador tras una salida en falso del rival, varios contraataques en el complemento que malogró con malas definiciones. Pero en general, mostró poca autoridad ante un equipo que, en los papeles, debería ser bastante inferior respecto a uno de Primera.
Para el duelo de 32avos de final, Julio César Falcioni decidió respaldar a la gran mayoría de titulares, una muestra empírica de que el entrenador no se confiaría en lo absoluto ante el “Arrabalero”. Diagramó el mismo esquema que venía de darle la victoria ante Gimnasia: un 4-4-1-1, que con la pelota se transformaba en un 4-2-3-1, con Franco Nicola “suelto” detrás de Leandro Díaz, autor del primer gol.
¿La principal novedad? Los esperados regresos de Tomás Durso y Juan Infante, los únicos dos cambios que el “Emperador” pensó para el estreno en la copa. Para ellos, fue una oportunidad de volver a mostrarse tras cerca de un año de ausencia en partidos oficiales; para el entrenador, una prueba de fuego para observar el rendimiento y ritmo de ambos. ¿El resultado? Un partido correcto de Infante en lateral izquierdo; un partido tranquilo para Durso hasta los 81’, cuando en su primera intervención de valor dejó alguna duda en la salida que derivó en el empate de Sebastián Gómez.
La propuesta del rival fue inteligente y ejecutada casi a la perfección por sus intérpretes. Claudio Vidal diagramó un 4-1-4-1, con el objetivo de priorizar el orden y el equilibrio ante un equipo que iba a ser lógicamente superior en el trámite. Desde un principio, a pesar de las pretensiones de “Decano” por manejar el balón, el equipo bonaerense supo resistir con éxitos los asedios, sin verse totalmente sobrepasado por el rival en ningún momento del partido.
Su intención fue clara: no desordenarse, emparejar el partido a fuerza de imponerse en duelos individuales y esperar a tener al menos una pelota interesante cerca del área rival para dañar al “Decano”. En líneas generales, lo logró: sufrió por un error gravísimo de Ignacio Díaz en la salida, que le entregó el gol prácticamente servido en bandeja a Ezequiel Ham -que prefirió asistir a Díaz-, pero, antes y después, se mantuvo en partido. Resistió los contraataques del “Decano”, se salvó en más de una oportunidad, pero ahí estaba, 1-0, a sólo un golpe del heroico empate. Esperó hasta el final y obtuvo su recompensa.
El gol de Clever Ferreira evitó el papelón. Pero no fue casualidad: es el tercer gol de la era Falcioni de pelota parada. Gastón Suso supo bajarla con autoridad para que el paraguayo vuelva a vestirse de héroe, al igual que en la victoria 1-0 frente a Gimnasia la semana pasada.
Atlético mereció ganar, es cierto. Pero no se pudo observar en la cancha la superioridad que a priori el contexto pedía. El “Decano” no se impuso abismalmente ni desde lo físico, ni desde lo técnico, ni desde lo táctico. Con orden y poco más, Sportivo Barracas supo jugarle de igual a igual a un equipo tres categorías superior.
En ese sentido, el responsable de ese sufrimiento que se estiró hasta el final del partido volvió a ser el conjunto de 25 de Mayo y Chile. Porque a pesar de no haber sido exponencialmente mejor que su rival, sí generó las ocasiones necesarias para estirar su ventaja en el marcador. Y apareció un ya conocido déficit en el juego “decano”: la falta de definición. Esa que separa las buenas intenciones de los resultados tangibles.
Pero Falcioni y sus dirigidos lograron zafar del embate. Y eso también es valorable. Porque, con el empate, podía haberse quedado sin respuestas. Pero no: encontró recursos para sobrevivir y ganarlo. Superado el llamado de atención, queda el aprendizaje. Atlético es aún un equipo en reconstrucción. Y si pretende seguir creciendo, sabe que el trabajo es el único camino que conduce a los buenos resultados.